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Cuentos
Madrugada del 6 de enero (x C. Bustamante)
Cerca de la frontera. Vignette (x Cecilia Bustamante)
El que vagaba solo. Una estampa. (x Cecilia Bustamante)
Cuentos

Cuentos



Madrugada del 6 de enero (x C. Bustamante)
Cecilia Bustamante

PROSAS

MADRUGADA DEL 6 DE ENERO

Estaba en otra ciudad, en otro país donde el atardecer era largo.Las calles polvorientas de los pueblos ecuatriales del norte de Peru ya lejos.A ratos se veía las acequias de agua raída corriendo a la luz de la luna.

Dentro de esa casa había otra casa antigüaproveniente de otro de mis sueños. Estoy despierta buscando en la noche dónde esconder algún dinero.Doblo mipequeño monedero y cruzando las paredes doy con las ropas en un armario y hurgo enlos bosillos de un abrigo. Escojo el que me regaló Alina, el de Londres. Acaricio el cuello de piel negra me digo “debo usarlo”.No hay paredes y veo pasar a James todo flaco y triste, nos hablamos y noto que está preocupado, le pregunto si necesita dinero y espero que diga que sí con alegría casi, porque él también me había dado dinero y dice “ajá” y corro de regreso a buscar el dinero y siento temor de no recordar donde lo escondí.Con gusto le doy unos billetes -y seguimos caminando en la niebla. Sé que estoy al lado sur de esa casahablamos mientras atardece lentamente y somos niños.Vemos a alguien que nos lleva ventaja.

Nos echamos boca abajo a contemplar. Es alguien que conocemos pero no puedo identificar, somos colegas de algo, hermanos.Así que de pronto se me hace incómodo que James se me acerque demasiado y no ponga atención a esta conversación que ya olvido.Empiezo a levantarme y observo que tengo puestos mis overalls plomos, los que usaba de nina para viajar con mi padre cuando íbamos en el Ferrocarril Central cruzando las sierras del Perú, cuando buscabamos fortuna. Me pareció ver de nuevo el terror de esos abismos que han unido una montaña a otra montaña al precio mas alto de vidas: "El Infiernillo".


Sigue siendo una hora vespertina, el paisaje que alcanzo a ver se limita por la luz o por mi mala vista.Más adelante encontramos a Michael y a Robert y sigo camino con ellos.De pronto, desde atrás se nos acerca el paso rápido y ritmico de soldados, nos hacemos a un lado para que no nos atropellen y a paso ligero pasan con los fusiles en la mano.Del otro lado llegabanotros marchando de la misma manera y yo corro tratando de alcanzarlos y decirles que aminoren el paso porque van a chocar con los alemanes. Nadie me escucha y entonces me divierte que todos vayan en la misma dirección, hacia la noche.Mis amigos me dicen que qué me importa.

Ahora en una playa de un pueblo iluminado, mucha gente en una fiesta. Estamos alegres, tratamos de incorporarnos al grupo. Uno de los que va conmigo empieza a ponerse amoroso y me pongo eufórica.Vamos con la muchedumbre en una danza general e indefinida. Me pierdo entre ellos y me lleva un mar humano que avanza dando vueltas en la plaza celebrando un rito de besos rápidos en los labios, hombres y mujeres,,,sus labios de pronto brotan sangre, la danza se hace violenta quiero llegar a un recodo para escapar.Aunque es una algarabía tengo temor, alguien me levanta por los sobacos y me saca de alli.Son ellos, mis amigos con otras mujeres que no conozco.Les cuento lo que hacían en la plaza las gentes hasta hacerse brotar sangre.“Mira, ésta es la sangre” y me toco los labios y mi dedo se tiñe de rojo.

Me voy a una celebración nocturna con las mujeres del pueblo, olvido mi deseo de dar mi amor.Por el Este ya es la misma hora y me doy cuenta que no he escapado de la casa, veo ados niños vecinos que juegan tirándose lagartijas rojas que caen entre los rosales, o sobre el agua de la acequia raquítica. Se habían escapado y los buscan cuando cae ante mí su juguete que recojo del polvo y lo tiro hacia uno de los balcones, y entre los geranios rojos trepan tras las lagartijas. Trato de entrar a la casa que era mía, parece estar cerrada, tengo algo que recuperar.Entro y despiertan la madre y las hermanas, pegan de gritos y espuman sangre, han arruinado terriblemente el parquet, arrinconado el piano.La radio está encendida y Martin Luther King está repitiendo su famoso discurso porque es el aniversario de su muerte. No, nóoo, debo superar ésto, porque escucho jazz, piano, saxo, cello, percusión, blues”mommie can I have a big elephant” “we were born before the wind”

(enero,2000).






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Referencia
Cecilia Bustamante.  "Madrugada del 6 de enero (x C. Bustamante) ."  Extramares.  Ed.  Cecilia Bustamante.  Austin: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.  10 de Septiembre de 2005.
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