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Cuentos
Madrugada del 6 de enero (x C. Bustamante)
Cerca de la frontera. Vignette (x Cecilia Bustamante)
El que vagaba solo. Una estampa. (x Cecilia Bustamante)
Cuentos

Cuentos



El que vagaba solo. Una estampa. (x Cecilia Bustamante)
Cecilia Bustamante

EL QUE VAGABA SOLO

Estampa.

Los Altos, Caserío de Frías. Piura, Perú.

Casi en las sombras ya, sus palabras caían iluminando días relumbrantes en un idioma que se transforma, se olvida, o se pierde, conforme los viejos van desapareciendo llevándose sus historias y hundiéndose con ellas de nuevo en la tierra - hasta que alguna noche regresan rezumando en los fuegos fatuos, sus fantasmas.

Jacinto Rojas tenía el rostro cruzado por una cuchillada que iba desde la ceja izquierda, saltando increíble sobre el ojo vibrante, La gruesa cicatriz de la piel desgarrada se disolvía compasiva al centro de su barbilla ovalada, turgente, orgullosa.Perseguido estaba por asesino, y era famoso por desalmado.Viajaba sin ser visto entre lugares secretos de la serranía, bajando por quebradas ubérrimas de extáticas visiones verdes humeantes.En los valles deambulaba, interrumpiendo las figuras rumoreantes de los eucaliptos, de los molles; siguiendo el rastro de riachuelos delatados por un ocasional reflejo de la luz entre las hierbas frescas.

Alto y cetrino, de figura imponente y aplomada, los pobladores le temían como al demonio porque más de un testigo hubo de aquella batalla cuando le cercenó la cabeza al Antonino.De una tajo, así dicen, se había bautizado el famoso criminal. Vestía aquella vez memorable en que lo ví de niña, una ancha camisa abierta en el pecho, su figura magra y tensa en pantalones que ajustaban en los tobillos botas bajasllenas de polvo o de barro de los caminos.Desmontando del caballo moro, una vez en tierra, marcaba el paso haciendo tintinear las pesadas roncadoras de plata hechas a mano por los orfebres de Chulucanas.Las espuelas se amarraban encima del empeine por medio de una banda flexible de plata labrada, al entornarse se veían brillantes las estrellas de plata,ni tan finas como para dañar a la bestia, ni tan toscas como para no dejar apreciar el buen trabajo que incluía la claridad del sonido, el ruido que revolotea como cernícalo abriendo las alas sobre nuestra cabeza.Se planta delante de los escalones de piedra de la solitaria casa hacienda, quitándose el sombrero de jipijapa y se seca el sudor de la frente, luego está de perfil y se queda mirando a lo lejos.

¿Que lo habrá sacado de los montes, a qué habrá venido?Sus ojos hondos, grises con chispas doradas, dan vuelta a la geografía en que deambula casi maldito.Regresa el sombrero de ala mediana, se lo pone algo de costado dando sombra a su marca.Sombrero adornado por una bandaancha de lana tejida, se combina con su cabello dócil, negro, alisado por el viento de la sierra. Encima de su hombro izquierdo llevaba doblado el poncho para cruzar los fríos de la noche.Nada le impedía mover libremente los brazos y coger las empuñaduras de sus armas que le colgaban de la cintura.Al lado derecho una brillante vaina de platallevaba grabadas las letras J.R. en la empuñadura que asomaba.A la izquierda, pasando debajo de la faja en la cintura llevaba un cuchillo de caza también encerrado en vaina de cuero repujado y adornado con remaches de plata, como se acostumbra en la región.Jacinto estaba hecho todo un bandolero, y nadie sabía qué andaba buscando.

A través de las ventanas de rejas se podía ver pasar a la mujer imagen fra angélica del administrador. Su perfil parecía temblar en las sinuosidades de las luces de la mañana. Cabellos cortos, espesos y ondeados le dabansombra desde la nuca hacia arriba rodeando la piel tibia y delicada que emanaba olor y bruma invisible de la vida.Esa mujer era bella y dorada comounaestrella y valga, siempre como ausente y siempre encinta, se la veía casi flotando por los cuartos de esa gran casona de adobes y piedra. Y yo me prendía de su falda cuando ella salía al campo, un desierto verde, con enormes árboles escasamente en el distancia.

También vagaba sola.




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Referencia
Cecilia Bustamante .  "El que vagaba solo. Una estampa. (x Cecilia Bustamante) ."  Extramares.  Ed.  Cecilia Bustamante.  Austin: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.  21 de Agosto de 2005.
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